La ciudad de Rosario empieza a vivir por estas horas una historia muy poco conocida por la mayoría de la población, pero que necesita la atención y la respuesta de los distintos resortes del Estado. Hablamos de la compleja, lamentable y peligrosa situación que atraviesan los transportistas de carga que deben acudir a los puertos de dicha ciudad.

Las penurias de nuestros camioneros -que provocan la empatía y la preocupación de las sociedades rurales de Victoria y Rosario- nacen como resultado de que no exista una red logística en consonancia con la dimensión e importancia del Polo Agroexportador más trascendente del país.

Los datos puntuales que dan cuenta de ello son el calamitoso estado de los accesos y rutas; los hechos de inseguridad a la que se someten (robos de carga y pertenencias, violencia, hechos de sangre; etc.); los inconvenientes y roturas a la hora de transportar los granos; entre otros.

Debe tenerse en cuenta que los municipios que cobran elevados cánones para ingresar a las playas portuarias y que aumentan mes a mes sideralmente los costos de los peajes, son los mismos que debieran volcar lo recaudado por dichos tributos a la mejora de la red vial y a la seguridad de los transportistas, hechos que hoy resultan sencillamente una utopía.

En este sentido, los lugares más problemáticos ya han sido detallados por diversas entidades que hacen al mundo productivo, pero hasta el día de hoy los males persisten y tienden a agravarse debido a un tránsito que se intensificará en breve por una cosecha de magnitud como la que se avizora.

Ante este panorama resulta perentorio que se arbitren las medidas precisas para brindar una mejora sustancial en las condiciones de manejo y en el consecuente cuidado de las unidades y conductores, somo así también en la seguridad de los transportistas que todos los días ponen su vida en juego por el sólo hecho de llevar a puerto la cosecha del campo argentino, que no es otra cosa que el preámbulo de los dólares que el Estado nacional necesita.

 

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